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México acelera la electromovilidad ante el reto de la infraestructura eléctrica

En el marco del Día Mundial del Vehículo Eléctrico, México evalúa su capacidad técnica y energética para transitar hacia la movilidad sostenible.

Redacción El Quórum
Foto: eleconomista.com.mx

Este 6 de septiembre, en el marco del Día Mundial del Vehículo Eléctrico, México se encuentra en una etapa crítica de transición automotriz. Mientras la industria busca posicionarse como un nodo estratégico para la fabricación de unidades eléctricas en América del Norte, el país enfrenta desafíos estructurales significativos en cuanto a la capacidad de su red eléctrica y la escasez de estaciones de carga rápida en carreteras federales.

La Secretaría de Energía y la Comisión Federal de Electricidad han manifestado la necesidad de modernizar la infraestructura de distribución para soportar una demanda creciente derivada de la electrificación del transporte privado y público. Aunque diversas armadoras han anunciado inversiones para adaptar sus plantas nacionales, la falta de una red de carga estandarizada a nivel nacional sigue siendo la principal barrera para que el ciudadano promedio considere sustituir su vehículo de combustión interna.

Desde el sector empresarial, se ha planteado la propuesta de incentivar la instalación de cargadores privados mediante estímulos fiscales, una medida que aún está bajo análisis por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Por su parte, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales ha señalado que el avance hacia el transporte eléctrico es indispensable para cumplir con las metas de reducción de emisiones contaminantes, aunque reconoce que el ritmo de adopción está condicionado por el precio de los vehículos y la disponibilidad energética en diversas regiones del país.

En las grandes urbes como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, la adopción de unidades eléctricas ha crecido de manera constante, impulsada principalmente por el transporte público concesionado y flotas empresariales. Sin embargo, en zonas rurales y carreteras interurbanas, la falta de puntos de carga impide una movilidad fluida para los usuarios particulares, lo que subraya la brecha de desarrollo que debe cerrarse en los próximos años.

El futuro de la movilidad eléctrica en México no depende únicamente de la voluntad de las armadoras, sino de una política pública integral que coordine a la industria, el sector energético y los gobiernos estatales. La meta de prescindir de los combustibles fósiles en el transporte ligero sigue siendo un horizonte lejano que requiere una inversión sostenida en la modernización de la CFE y en la creación de un marco normativo que facilite la transición energética sin comprometer la estabilidad del sistema eléctrico nacional.

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