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México

La tragedia de los comunes y el desafío ético de la inteligencia artificial

El modelo de gestión de recursos comunes de Elinor Ostrom ofrece claves para regular el desarrollo de la inteligencia artificial en México.

Redacción El Quórum
Foto: eleconomista.com.mx

La expansión acelerada de la inteligencia artificial en México plantea interrogantes sobre la gestión de recursos compartidos, un fenómeno que remite a la denominada tragedia de los comunes. La economista Elinor Ostrom, quien en 2009 se convirtió en la primera mujer en recibir el Premio Nobel de Economía, dedicó su trayectoria a demostrar que las comunidades pueden gestionar recursos finitos mediante acuerdos colectivos sin necesidad de una privatización total o una intervención estatal rígida.

En el contexto actual, el desarrollo de modelos de lenguaje y bases de datos masivas se comporta como un recurso compartido que enfrenta riesgos de agotamiento y mala gestión. Al igual que en los estudios de Ostrom sobre pastizales o sistemas de irrigación, el ecosistema digital global y nacional depende de la colaboración para evitar que el interés individual de las empresas tecnológicas degrade la calidad de la información pública y la veracidad de los datos que alimentan los algoritmos.

Especialistas coinciden en que los principios de Ostrom, centrados en el establecimiento de límites claros y la participación de los usuarios en la toma de decisiones, podrían ser aplicables en la construcción de una gobernanza digital en México. La falta de reglas claras en el uso de la infraestructura digital podría derivar en un escenario donde el beneficio privado comprometa el acceso equitativo y la integridad del conocimiento común que hoy se procesa mediante herramientas de IA.

La posibilidad de implementar marcos regulatorios que fomenten la transparencia y la rendición de cuentas es un tema que comienza a discutirse en diversos sectores del país. El reto consiste en equilibrar el impulso a la innovación con la protección de los bienes comunes digitales, asegurando que la tecnología sirva como un motor de desarrollo social bajo normas que prevengan la explotación desmedida de la información generada por la sociedad.

El análisis de la obra de Ostrom sigue siendo una referencia fundamental para entender cómo las sociedades pueden organizarse para proteger lo que es de todos. Ante la complejidad de la inteligencia artificial, el diálogo entre académicos, legisladores y el sector privado se vuelve indispensable para definir un camino que garantice el aprovechamiento responsable de esta tecnología en territorio nacional.

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