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El uso del efectivo persiste en México pese a la eficiencia del SPEI

Aunque el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios opera desde 2004, la preferencia por el dinero físico sigue siendo un desafío para la inclusión financiera.

Redacción El Quórum
Foto: xataka.com.mx

A más de dos décadas de la implementación del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) por parte del Banco de México, el uso de efectivo mantiene una presencia dominante en las transacciones cotidianas del país. A pesar de que esta infraestructura permite transferir fondos entre instituciones bancarias en cuestión de segundos, una gran parte de la población mexicana continúa priorizando los billetes y monedas para sus compras diarias en mercados, comercios locales y servicios básicos.

La brecha entre la disponibilidad tecnológica y los hábitos de consumo representa un reto constante para las autoridades financieras y el sector bancario. Mientras que la digitalización ha avanzado de forma acelerada en el sector corporativo y en las plataformas de comercio electrónico, los pequeños negocios y los consumidores de diversos estados de la República muestran una marcada desconfianza hacia los métodos digitales, citando preocupaciones sobre la seguridad cibernética y la falta de infraestructura de conectividad en zonas rurales.

Desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y el Banco de México se han impulsado diversas iniciativas para fomentar el uso de medios de pago electrónicos, buscando reducir la economía informal. No obstante, las autoridades reconocen que la transición hacia una economía menos dependiente del efectivo requiere no solo de mejores herramientas digitales, sino de una estrategia integral que garantice la alfabetización financiera y el acceso equitativo a servicios bancarios para todos los sectores de la población.

Especialistas en economía señalan que, si bien el sistema nacional de pagos es robusto y eficiente, la inercia cultural en el manejo del dinero es un factor determinante que trasciende la tecnología. El debate actual se centra en cómo lograr que la conveniencia del SPEI supere la percepción de riesgo del usuario común, quien a menudo considera que el efectivo ofrece mayor control y privacidad en sus transacciones cotidianas frente a las alternativas bancarias modernas.

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